Había un chico, que parecía común e igual que los demás chicos de su edad. Lo que pocos sabían es que le gustaba dibujar universos. En su cuarto, en la pared. Tenía dibujado una estrella, un planeta, un asteroide. Cada dibujo representaba un momento significativo de su vida. Su graduación, la feria de ciencias, su primer trabajo, cuando su mascota murió, cuando su mejor amigo se mudó del vecindario.
Un día cualquiera, llegó una nueva vecina al lugar. Tenía una personalidad muy alegre, muy activa. Incluso demasiado para el parecer del chico. Pero eso no le detuvo de ser amable e ir a saludar. Al hablar con ella, el chico notó algo, una sonrisa distinta, que movía algo en su corazón.
Él no sabía que ese era el comienzo de una nueva amistad, una nueva aventura. Un nuevo universo que pintar en su historia...
Esa tarde, al volver a su casa, luego de pasar todo el día conversando con la nueva vecina, regresó contento; tranquilamente, se dirigió a su cuarto, tomó un marcador rosado y dibujó una nueva estrella, de un color y forma distinta.
Una estrella que daría inicio a un nuevo universo que dibujar, que si le pidieran darle un nombre, sería: "El universo del amor y sus efectos secundarios."
Artículos Relacionados
¿Qué pasaría si tu vida dependiera de un corazón mecánico?
Relato libre redactado en un trabajo de la universidad.
Entrada al postulantado
Texto inspirado basado en mi entrada al postulantado.